Empecé la jornada un poco dormida, demasiado tranquila. Casi de inicio me quedé enganchada en una duna. Más que el tiempo que perdí allí, sucedió que me atrapó mucha gente y luego, con todo el polvo que levantaban, era más difícil seguir y remontar. Cuando el terreno se volvió más abierto, me fue más fácil pasarlos y acabé muy bien la etapa. Fue perfecto.
La bajada final de casi tres kilómetros era espectacular. Impresionaba muchísimo. Era una duna larguísima y muy empinada. La moto se embalaba y había que ir frenando todo el tiempo. Veías el final lejísimos, parecía que no iba a acabar nunca. He bajado tan lenta que parecía un caracol. Daba miedo. Nunca había visto una duna igual. Incluso al llegar abajo, me di la vuelta un segundo y miré hacia arriba para recordarla mejor.
Lo peor del día ha sido el enlace. Ha sido mortífero. Estoy más cansada de hacer el enlace que la especial. Era muy aburrido, por unas carreteras estrechas y con mucho tráfico. Tenía que estar pendiente en todo momento del radar para no pasarme de velocidad y que no me sancionaran. He ido en tensión los 429 kilómetros finales. Un rollo, pero es lo que tocaba para poder llegar al campamento por fin.

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