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miércoles, 9 de enero de 2013

Pobre niño rico


Los ricos también lloran. Que se lo digan a Lucio Álvarez. Su padre es el dueño de un conglomerado bestial de empresas que le hacen ser uno de los más adinerados de Argentina. Si no fuera por Al Attiyah, sería el más acaudalado del Dakar. "Mi familia tiene un grupo de empresas de comunicaciones, fincas, constructoras, viñedos, olivares, árboles frutales, etc., tenemos de todo. Soy el vicepresidente de todas las empresas. Ahora estamos mucho con grandes construcciones hidroeléctricas, eléctricas", expone con naturalidad.
Es de Mendoza, donde rivaliza con Orlando Terranova. Lo estaba haciendo fenomenal. Marchaba tercero en la general siendo una de las revelaciones, pero ayer sufrió un vuelco al principio de la especial y sufrió para levantar el Toyota. A duras penas pudo llegar, pero perdió todas sus opciones.
A Lucio siempre le gustó ir en moto. A los 12 años ya se recorría las dunas y el campo alrededor a su ciudad. Por eso, cuando vio la ocasión, se enroló en el raid. "Cuando el Dakar vino en 2009, lo primero que se me ocurrió fue participar en quads. Aparte, vi que era una categoría en la que tenía opciones de estar en la cabeza. En moto no tengo tan buen ritmo. Sin embargo no preparamos bien el quad y se nos rompió pronto", evoca.
Pero su familia le rogó que lo dejara: "Me pidieron que no corriera más en quads porque lo veían muy peligroso. Además, me conocen y saben que a mí me gusta ganar. Mi padre me ayudó con dinero para poder correr en coche. Así participé en 2010. Terminé el 15 con un coche que no estaba ni para ser el 30. Logramos un milagro". Ahí empezó su salto.
Contactó con Overdrive, se fue a Sudáfrica y fue progresando. Tanto que el año pasado fue quinto. Sus ídolos son De Villiers y Peterhansel, por su constancia. Su ambición le llevó a irse a Qatar para competir y aprender de Al Attiyah y al Rally Ruta de la Seda en Rusia dónde supo lo que es abrir pista.
No se conformó y se fue a Finlandia a la escuela de Tommi Makkinen. "En las dunas diría que mi conducción es de lo mejorcito. Sabemos leerlas bien. En cambio, en la parte de rallies, tipo WRC, me cuesta un poco. No soy tan rápido como otros. Quería mejorar. Me sirvió mucho el curso. Voy más veloz y con el coche más contenido. Fueron cuatro o cinco días de entrenamiento con coches de rallies", recuerda. Por ahora su sueño dakariano deberá esperar, pero con tiempo -y dinero- todo es posible.

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