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lunes, 10 de diciembre de 2012

SAINZ CONSULTÓ SU OFERTA PARA 2013 CON SU HIJO CARLITOS Y SU MUJER "Papá, vete al Dakar"


Nunca es tarde. La vida es un breve lapso. Hay que sorberlo sin dejar caer una gota. Ni siquiera a los 50 años uno es lo suficientemente mayor como para poner barreras a la ilusión. Carlos Sainz, al menos, se resiste a abandonar.
A uno que ha ganado tanto le queda poco por perder. "Mucha gente se pregunta por qué sigo en esto, pero esto es mi vida, y la vida es un reto de por sí. Es sano e interesante tener retos", dice. Vivir es un camino y a veces hay que salirse. Su filosofía es la de los ambiciosos, ganadores, triunfadores: "La vida sin desafíos no tiene mucho sentido. Tampoco lo tiene un piloto sin un volante entre las manos.
El último reto casi necesitó un permiso familiar. Carlos ha dado tantas vueltas al mundo durante varias décadas de carreras que se ha perdido la mitad de la vida de su mujer e hijos. Pero siempre le respaldaron. También en este capítulo.
"Le dije a mi hijo: 'puedo hacer el Dakar", revela Sainz, consejero y confidente de su hijo, embarcado también en el automovilismo, aunque, en su caso, con los monoplazas. La respuesta de Carlitos fue solemne. "Por supuesto, seguro, tienes que hacerlo, vete a por ello", le soltó él. "Y mi mujer dice que estoy loco", añade.
A Reyes, su pareja, no le queda otra que aferrarse al estoicismo. Primero soportó desde la distancia al padre, cuando cabalgaba entre barro y nieve, de noche, al amanecer, en Finlandia o Kenia. Después sufre al hijo. En enero tendrá a los dos desperdigados. Uno, surfeando olas en los Andes. El otro, puliendo su pilotaje en ensayos con los monoplazas F3.
Nada de turismo
Esta vez, Carlos se ha enrolado en un batallón de última hora. Una leva de urgencia que organizó Nasser Al Attiyah (el año pasado con Hummer), viejo rival en Volkswagen, enemigo a codazos en las pistas de La Pampa, que lo reclutó en un proyecto aún en ciernes con un buggy fabricado por Jefferies Racing, creador de trucks y prototipos para las Bajas californianas, espinosas y duras como alambradas.
El equipo está, el soporte también. Faltan días. Sobra pasión. "No he venido a hacer turismo", apunta. Un juramento que en un tipo tan voraz podría ser omitido.
"Nuestro enemigo es el tiempo en este momento", subraya Sainz, que en estos días pasados ha estado en Las Vegas afinando a la orquesta tras su anuncio oficial de regreso el pasado 20 de noviembre. El Qatar Red Bull Team es un sueño contrarreloj creado "gracias a Nasser" y el madrileño admite que llegarán a enero "un poquito justos porque el coche acaba de nacer y está muy verde. Aunque lo importante es empezar".
En sus primeros escarceos ya se ha dado cuenta de que habrá que redoblar esfuerzos. "Los mecánicos han trabajado día y noche, el coche es nuevo y con el poco tiempo que tenemos hay que trabajar contrarreloj. Creo que de aquí al rally van a dormir poco", avanza Carlos, cuyo nivel de exigencia acaba contaminando a todo el que labora a su lado.
Como apuntador y navegante, tendrá a Timo Gottschalk, compañero de Al Attiyah en 2011, cuando el qatarí ganó el Dakar. "Con Timo tengo buena relación, hemos estado en el mismo equipo, en Volkswagen. Es un gran profesional, excelente copiloto y ha ganado. Sin él no me hubiese planteado este reto", confía Carlos, en quién Al Attiyah se fijó por "su capacidad para desarrollar un coche".
El piloto español, dos veces campeón del mundo de rallies (1990 y 1992) y vencedor del Dakar 2010, siempre destacó por su capacidad de trabajo y por un celo infinito como instructor. "Todo se reduce a la pasión. Yo la tengo por el mundo del motor y todo esto sin que te encante y lo tengas dentro de ti es muy difícil de entender, ¿no?", cuenta el español.
Un gurú para el proyecto
Esa ilusión adolescente le dio el pasaporte al Dakar aquel año 2006 en que se embarcó en los raids. Y, por contagio, todo el equipo está encandilado. Hasta Lucas Cruz, copiloto de Nasser y también viejo navegante de Carlos: "Carlos va aportar mucho al proyecto". Lucas ganó con él la edición 2010 y junto a él aprendió lo que da de sí un piloto con su ambición.
Paralelamente al tajo con el buggy truck de Jefferies Racing, una perla aún enconchada y con muchas horas por delante de labor artesanal, Carlos estará hoy en la presentación del equipo Volkswagen Polo R WRC.
Carlos es casi el padre de este prototipo ya que ha puesto, durante más de un año y medio, todo su bagaje al servicio del fabricante alemán para desarrollar el que puede ser gran rival del Citroën DS3 con el que competirá en 2013 Dani Sordo en el Mundial WRC.

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